MILF mexicana se empalma y goza sin parar
Apenas abrió la puerta con ese body ajustado que parece pintado en su piel bronceada, él supo que esa noche no iba a dormir. La vecina, con esos labios carnosos mordisqueándose y esos pechos que rebotaban bajo la blusa transparente, no pudo resistirse cuando él la agarró por la cintura y la estrelló contra la pared del pasillo. Su culo redondo y firme tembló al sentir la polla dura frotándose contra su tanga empapado, y no aguantó más: se quitó la prenda de un tirón mientras gemía su nombre con voz ronca. Él no perdió tiempo, la levantó en vilo y la empaló contra la puerta de su cuarto, sintiendo cómo su coño se abría como un capullo mojado para recibir cada embestida brutal. Ella arqueó la espalda, con los pezones duros rozando su pecho sudado, y sus gemidos se volvieron tan fuertes que seguro los escuchó hasta el portero. Cada vez que la polla entraba hasta el fondo, su culo vibraba y sus uñas se clavaban en sus hombros, dejando marcas rojas que él adoró. La temperatura en el cuarto subió tanto que parecía que estaban dentro de un horno, con el olor a sexo y crema derretida flotando en el aire. Cuando sintió que las piernas le temblaban, él la tumbó en la cama y se la folló a cuatro patas, agarrándola de las caderas para clavársela más hondo. Ella gritó cuando la polla rozó ese punto que la vuelve loca, con la espalda arqueada y el coño goteando sobre las sábanas, y no aguantó: se corrió como una puta desesperada, empapándole la verga antes de que él mismo se dejara ir con un gruñido animal. La liberación fue tan intensa que ambos quedaron tirados en la cama, jadeando, con el cuerpo de ella cubierto de sudor y semen, mientras él le lamía el coño para no perder ni una gota de su corrida.