Chica negra cachonda se empala con consolador en la pared
La morena no podía aguantar más, el coño le ardía como un infierno y las piernas le temblaban de pura excitación. Con los pechos apretados contra el frío azulejo, se clavó el consolador negro que sobresalía de la pared como si fuera una verga de verdad, sintiendo cómo se le humedecía el culo al ritmo de sus gemidos. La punta gruesa le estiró los labios hasta el límite, y cuando empujó con fuerza, el sonido húmedo de sus fluidos inundó el cuarto mientras los espasmos le recorrían el vientre. Cada embestida le llegaba hasta la matriz, haciendo que los gritos le salieran roncos y entrecortados, con la boca abierta buscando aire mientras el consolador le azotaba el clítoris sin piedad. El espejo frente a ella reflejaba su culo redondo rebotando contra la pared, cada cachete sonando como un chasquido de carne mojada. El juguete le entraba hasta el fondo, sacudiéndole las tetas cada vez que chocaba contra su carne, y los hilos de leche que le caían por los muslos le decían lo cerca que estaba de correrse. La morena se mordía los labios hasta sangrar, pero no podía callarse, los gruñidos se le escapaban como un animal en celo, con las nalgas temblorosas y el coño empapado que no paraba de chorrear. El consolador giraba dentro de ella, retorciéndose como una serpiente, y cuando la punta le rozó ese punto que la vuelve loca, no pudo más: un orgasmo brutal le sacudió el cuerpo de pies a cabeza, dejándola pegada a la pared, jadeando como si acabara de correr un maratón. El líquido le resbalaba por los muslos mientras el juguete seguía moviéndose, lento y cruel, alargando su placer hasta que ya no pudo soportarlo y lo arrancó de un tirón, dejando el coño rojo y palpitante.