Mi vecina colombiana se rinde a mi polla y me suplica que la domine
Desde que la vi por primera vez, supe que ese culo redondo y esa mirada de sumisa no podrían resistirse a mí. Un día, mientras ella pasaba por mi puerta con ese perfume que me vuelve loco, la llamé y le ordené que se arrodillara. Dayapriv no dudó un segundo en obedecer, sus manos temblorosas desabrochando mi pantalón con devoción. Le hice chupar mi verga hasta que sus lágrimas rodaron por sus mejillas, pero no le permití correrse, solo gemir como una perra en celo. Luego la puse a cuatro patas y le clavé mi polla hasta que sus nalgas rebotaban contra mis muslos, su coño apretado tragándose cada centímetro. La humillé, le dije que era una puta sin valor, y ella solo suplicaba más, pidiendo permiso para gritar. Cuando al fin le permití explotar, su orgasmo fue tan intenso que me rogó que la llenara otra vez. La próxima vez, pienso atarla y hacerla llorar mientras le rompo el culo sin piedad.