Mi novia se vuelve loca con el anal
Desde que le probó el culito a mi polla bien dura no hay día que no le entre el morbo por repetirlo. La primera vez se resistió, pero cuando le lamí el coño bien mojado hasta hacerla gemir como una puta necesitada, terminó rogándome que se lo metiera por atrás sin piedad. Le encantó sentir cómo su culo prieto se abría poco a poco para mí, cada embestida la hacía gritar más fuerte mientras sus tetas rebotaban sin control. Me clavé hasta el fondo sin compasión, sintiendo cómo su carne temblaba cada vez que le llenaba el culo de leche caliente, dejando el condón bien untado de su corrida. Ella se agarraba a las sábanas con los puños apretados, mordiendo un cojín para no despertar a los vecinos mientras yo la empotraba con furia, sintiendo cómo su ano se estremecía al recibir cada golpe de mi verga gruesa y palpitante. Su coño chorreante no paraba de gotear, empapando el sofá mientras yo le metía los dedos para que no dejara de jadear, pero lo que más le ponía era sentirme abrirle el culo sin piedad, dejando marcas rojas en sus nalgas blancas que se le notaban al día siguiente. Cuando por fin se corrió, fue con un orgasmo tan intenso que casi se desmaya, apretando mi polla con su culo como si quisiera tragársela toda mientras yo le llenaba las entrañas de mi leche espesa y caliente, dejando su agujero bien abierto y satisfecho para la próxima vez que le diera por pedirme que se lo hiciera otra vez sin protección. La dejé temblando, con las piernas temblorosas y el coño aún goteando, mientras yo me limpiaba la polla con su baba antes de volver a embestirla sin aviso, porque una vez que probó el anal, ya no hay quien la pare.