Chiquita se empotra con agua helada anal
La pendeja llegó sudando como un pollo en la sartén y el muy cabrón solo le tiró un chorro de agua fria en la jeta para verla brincar como loca entre chillidos. La tipa se retorcía con los pezones duros como piedras y el coño empapado pegado a los leggins, pero el desgraciado no se conformó con verla temblar: le agarró el culo chiquito con ambas manos y se lo apretó hasta hacerla gritar de dolor mezclado con placer. Antes de que pudiera reaccionar, ya le estaba metiendo los dedos por el culo mientras le escupía en la boca para humedecerle la garganta y que aguantara su verga gigante sin ahogarse. La pobrecita intentó zafarse, pero solo logró que él la lanzara contra la pared del baño como un saco de papas, con las manitas temblorosas apoyadas en los azulejos fríos mientras le abría las nalguitas para clavarle la polla hasta el fondo sin piedad. Cada embestida le sacudía las tetitas flaquitas que rebotaban como gelatina y le dejaba el culo rojo marcado con las huellas de sus dedos, mientras ella gemía como una perra en celo con la boca llena de babas y los muslos temblorosos. Él le dio una cachetada en el cachete izquierdo que le dejó el culo temblando y la polla le entró aún más hondo, haciendo que le salieran chorros de leche por cada poro del cuerpo mientras el muy hijo de puta le ordeñaba el culo sin piedad. La tipa se corrió tan fuerte que le salió un chorro de pipí caliente por las piernas mientras él le escupía en la grieta del culo y le metía la lengua para lamerle el coño mojadísimo, pero el muy cerdo no se conformó: le agarró los pelos y le metió la verga hasta la garganta una y otra vez hasta dejarla con la cara toda roja y los ojos llorosos. Cuando por fin le soltó la cabeza, ella se desplomó en el suelo del baño con las piernas abiertas y el culo bien abierto, dejando ver cómo le goteaba el esperma por el culito apretado mientras él se reía como un demonio y le lamía los labios hinchados del coño sin dejar de empotrarla con fuerza. La pobre no podía ni gritar, solo jadear entre sollozos mientras él le metía los dedos en el coño para sacarle otro chorro de leche que le resbaló por los muslos hasta el suelo, y cuando por fin se corrió dentro de su culo virgen, ella solo atinó a gemir con la boca llena de babas y los ojos en blanco, completamente rendida ante su verga descomunal.