Mi hermanastra me dejó follarle el coño caliente y prieto
La muy guarra llevaba días frotándose contra mí cada vez que creyó que no la veía, con esos labios carnosos mordiéndose el labio inferior mientras me miraba de reojo con esos ojos verdes que parecen pedirme que la rompa. Hoy no pudo resistirse, se quitó el short ajustado y la camiseta sin mangas que le marcaban las tetas redondas y duras como melones, dejando al descubierto un coño bien depilado y ya chorreando jugos por la excitación. No aguanté ni un segundo más, la empujé contra la pared de la sala, le arranqué el tanga de encaje y le clavé la polla hasta el fondo sin avisar, sintiendo cómo su carne caliente y prieta me apretaba como un guante mientras ella gritaba y se retorcía contra la pared. Le tapé la boca con la mano para que no despertara a mi mamá, pero los gemidos se le escapaban entre los dedos mientras yo la empotraba sin piedad, sintiendo cómo su culo grande y redondo rebotaba con cada embestida. Sus tetas enormes saltaban al ritmo de mis golpes, golpeándose contra su pecho cada vez que la embestía hasta el fondo, y el sonido húmedo de su coño mojado llenaba la habitación mientras yo le machacaba el clítoris con el dedo pulgar para que se corriera rápido. La muy viciosa se corrió en menos de un minuto, apretando mi polla como un tornillo mientras su cuerpo se sacudía en espasmos, pero yo no paré ahí, seguí dándole hasta que noté que mi leche empezaba a hervir en las bolas y le llené el coño hasta el fondo con mi corrida espesa y caliente, dejándola bien marcada y satisfecha mientras se desplomaba contra mi pecho jadeando y con las piernas temblorosas.