Marcferri gime con la polla dura hasta explotar de placer
Esa tarde en mi habitación, entre sudores y respiraciones entrecortadas, Marcferri me empujó contra la pared mientras su polla dura como roca me partía en dos. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos, pero el calor de su cuerpo pegado al mío me hacía olvidar todo. Sus manos ásperas me agarraron las caderas, marcándome los dedos en la piel, mientras su verga gruesa entraba y salía de mi culo con un ritmo que me hacía gemir sin control. Cada embestida me arrancaba un grito ahogado, y cuando aceleró el ritmo, sentí cómo su polla me llenaba hasta el fondo, rozándome justo donde más lo necesitaba. Marcferri gruñó como un animal, sus uñas clavándose en mi carne mientras se corría dentro de mí, su leche caliente llenándome por completo. El placer me nubló la vista, y cuando terminó, su polla aún palpitaba dentro de mí, dejándome temblorosa y con las piernas débiles. En más de 10 minutos de escena, no hubo un solo momento de descanso, solo gemidos, sudor y un deseo prohibido que no pudimos contener. Al final, su semen goteaba por mis muslos, marcando la prueba de lo que acabábamos de hacer.