Mai Shiranui es dominada por su sifu ausente
Te voy a contar cómo mi sifu me dejó sola en el dojo, creyendo que no me atrevería a tocar su polla dura que siempre me provoca. Pero hoy me puse su kimono y me masturbé con su cinturón, imaginando que era él quien me ordenaba abrir las piernas. ¿Te gustaría estar en su lugar, viendo cómo me arrodillo y chupo su verga imaginaria hasta que me ahogo con cada embestida? Mis tetas rebotan con cada movimiento, mis gemidos llenan el aire mientras me penetra sin piedad, sus manos agarran mi culo con fuerza, marcando mis nalgas con sus dedos. Le suplico que me llene, que me corra en la cara, pero él solo sonríe y sigue follándome, disfrutando mi sumisión. El sudor resbala por mi espalda, mi coño está tan mojado que chorreo en el suelo, y cuando por fin se corre, su leche espesa me cubre los labios, goteando hasta mi barbilla. Al terminar, su kimono queda tirado en el suelo, manchado con mi excitación.