Madrastra cachonda quiere ser la novia en mi cama
—'Papi, ¿por qué siempre le das a ella lo que yo necesito?'—, te susurró la madrastra Anny Fernandez mientras se mordía el labio, sus tetas grandes rebotando bajo el encaje de la tanga que ya tenía empapada. Sabías que esto estaba mal, pero al verla agacharse y chuparte la polla con esos labios carnosos, no pudiste negar el calor que te quemaba las entrañas. Sus uñas te arañaron los muslos mientras te la metías hasta el fondo, sintiendo cómo su culo perfecto apretaba cada centímetro de tu verga durísima. —'Puta, ¿te encanta que te empotren así?'—, gemiste al oírla gritar cuando te la clavaste de una estocada, sus nalgas temblando con cada embestida que le partía el coño. La madrastra te miraba con los ojos nublados de lujuria, mordiendo la almohada para ahogar los gemidos mientras te corría en su cara, dejando un reguero blanco que le caía por los labios hinchados. La tanga rota quedó hecha jirones en el suelo, justo donde ella se desmayó de placer.