Lipsthatgrip te muestra cómo follar en secreto en la oficina
-“¿Y si nos pillan?”, susurró Lipsthatgrip mientras me empujaba contra la puerta de la oficina cerrada. El riesgo de que alguien entrara en cualquier momento le encendía más, y a mí también. Sus manos grandes me agarraban las nalgas con fuerza, apretándome contra su polla erecta, ya dura antes de siquiera empezar. Las paredes del cubículo eran delgadas, y cada gemido mío lo hacía apretar los dientes, como si alguien pudiera oírnos. “Calladita, puta”, gruñó, hundiendo los dedos en mi culo mientras me penetraba de una sola embestida, tan profunda que sentí cómo sus pelotas chocaban contra mí. El escritorio temblaba con cada movimiento brusco, los papeles cayendo al suelo en silencio. Sabía que en cualquier momento podía aparecer el jefe o un compañero, pero eso solo lo excitaba más, haciéndome mover las caderas más rápido, más fuerte. Lipsthatgrip me mordía el cuello, ahogando sus gruñidos, mientras yo intentaba sofocar mis gemidos con la mano, sintiendo cómo su verga me llenaba sin dejar espacio. El sudor le resbalaba por el pecho mientras me empotraba contra el mueble, el sonido húmedo de nuestras pieles chocando mezclándose con mi respiración entrecortada. “Córrete ya”, ordenó, y su voz ronca me hizo apretar los músculos alrededor de su polla, sintiendo cómo se hinchaba aún más. El orgasmo lo sacudió de golpe, y su corrida caliente me inundó por dentro, goteando por mis muslos mientras se apartaba. Al salir, su polla aún palpitante dejó un hilo de semen entre nosotros, y en ese momento, escuchamos pasos acercándose por el pasillo. Lipsthatgrip se ajustó la ropa rápidamente, pero la sonrisa en su cara lo delataba. Sabía que había dejado mi oficina mojada, usada, y que en cualquier momento alguien podría darse cuenta.