Legrand Wolf se traga esa verga monstruosa hasta las pelotas
Esa tarde en el consultorio, Joshua Oaks entró con esa mirada de superioridad que siempre le ponía los pelos de punta. El pequeño Legrand Wolf, celoso de que el doctor lo hubiera ignorado por meses, decidió que era su turno de probar esa polla que todos alababan. Se arrodilló frente a él, mojándose los labios con saliva, y sin avisar, se la metió hasta donde pudo, ahogándose con cada centímetro. El doctor gruñó, agarrándole la nuca para empujarla más adentro, disfrutando cómo el pequeño se atragantaba con su verga gruesa. Legrand escupió y volvió a chupar, esta vez más rápido, mientras sus dedos jugaban con los huevos pesados del hombre. El doctor lo levantó de golpe, lo dobló sobre el escritorio y le metió los dedos sin piedad, abriéndolo para su siguiente embestida. El culo apretado de Legrand gimió cuando sintió esa verga monstruosa entrando de una estocada, llenándolo hasta que las caderas chocaron contra su carne. El pequeño se corrió sin tocarse, gritando como una puta en celo, mientras el doctor le soltaba su leche caliente adentro. Afuera, el otro paciente que esperaba su turno escuchó los gemidos y se mordió el labio, imaginando lo que estaba pasando.