La polla negra de Jax Slayher deja a Jocessita sin aliento
No podía creer lo que veía cuando Jocessita se arrodilló frente a Jax Slayher, su boca entreabierta mientras sus ojos se clavaban en esa verga oscura y gruesa que se alzaba frente a ella. Al principio, sus manos temblorosas apenas podían rodearla, pero la curiosidad la venció: la lamió con suavidad, sintiendo cómo cada centímetro de esa carne caliente se humedecía bajo su lengua. Jax gruñó al sentir aquellos labios carnosos envolverlo, sus dedos enredándose en el pelo de Jocessita para guiarla, más adentro, hasta que la punta de su polla rozó la garganta y ella se atragantó con un gemido ahogado. Fue entonces que descubrió lo que no esperaba: cuanto más se resistía, más le gustaba el dolor, el estiramiento de su garganta, el modo en que su coño se contraía de solo imaginarse esa verga enorme penetrándola. Jax no se hizo esperar, la levantó de golpe, la dobló sobre el sofá y, con una sola embestida, la empaló hasta hacerla gritar. La tela de su ropa interior se rompió al instante, sus caderas chocando contra el culo redondo y húmedo de Jocessita, que se aferraba a los cojines mientras la polla negra se hundía en su coño como un martillo. Sus tetas rebotaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, y sus gemidos se mezclaban con los gruñidos de Jax, que no paraba de decirle puta, de apretarle las nalgas para abrirla más, de clavarse hasta que los dedos de ella se torcían contra el sofá. En más de 15 minutos de escena, Jocessita descubrió que le encantaba ser usada así, que cada vez que la polla de Jax se retorcía dentro de ella, su cuerpo respondía con más flujo, con más calor. Cuando él por fin se corrió, lo hizo dentro, llenándola hasta que el semen escapó por sus muslos, y fue entonces que Jax, aún jadeando, notó la sonrisa satisfecha de Jocessita, sus ojos vidriosos de placer, como si hubiera encontrado algo que no sabía que necesitaba.