La morra gorda le abre el culo a su novia
Desde que se conocieron en el gimnasio, la morra gorda no podía quitarle las manos de encima a su novia de cuerpo escultural... esa noche, después de dos copas de más y sin ropa que estorbe, la morra gorda le susurró al oído que quería sentirla por primera vez donde nunca la habían metido. Su novia, con el coño ya bien mojado de anticipación, se dejó caer de espaldas sobre la cama mientras le separaba las nalgas con los dedos, dejando al aire un culo prieto y redondo que pedía a gritos ser destrozado. La morra gorda, con la polla dura como una piedra y gruesa como su muñeca, se acercó sin avisar y con un solo empujón brutal le metió la cabeza del miembro entre los cachetes, haciendo que su novia soltara un gemido ahogado que resonó en toda la casa. Las embestidas fueron salvajes desde el primer segundo: la morra gorda la empotraba con fuerza, cada golpe resonando en el culo de su novia como un latigazo húmedo, mientras con la otra mano le agarraba un pecho para apretarle el pezón hasta que la morra gemía de dolor mezclado con placer. El sudor les resbalaba por la piel, las sábanas ya estaban empapadas y el olor a sexo inundaba el cuarto, pero ninguna de las dos podía parar... la morra gorda le clavó los dientes en el hombro a su novia para no correrse demasiado pronto, mientras con la mano libre le frotaba el clítoris hinchado hasta que la morra notó cómo los muslos de su novia empezaban a temblar como gelatina. El calor entre ellas era insoportable, el cuerpo de la morra gorda temblaba de tanto esfuerzo por contenerse, pero cuando su novia le gritó que la llenara por dentro, ya no hubo quien la detuviera: la morra gorda se hundió hasta el fondo con un rugido y se corrió dentro de ella a chorros, sintiendo cómo el coño de su novia se contraía alrededor de su polla al sentir cada gota caliente y espesa resbalar por sus paredes internas. Después de varios minutos de respiraciones entrecortadas y caricias desesperadas, las dos quedaron tiradas en la cama, completamente agotadas pero con la piel todavía vibrando de placer, sabiendo que esa noche no sería la última vez que la morra gorda le abriera el culo a su novia.