Mi amiga me deja usar a su novio en el jacuzzi caliente
La muy zorra de mi amiga llegó al jacuzzi con ese vestido ajustado que le marca cada curva de su culito prieto y ese escote que no dejaba nada a la imaginación. En cuanto se quitó la tanga mojada y se tiró al agua humeante, me guiñó un ojo con esa sonrisa perversa mientras su novio, un macho con una verga que parecía de toro, se acercaba sin perder detalle de cómo se le escurría el agua por los pechos llenos y redondos. Ella no perdió ni un segundo en agarrarle la polla dura como una piedra y metérsela en la boca mientras él le agarraba el pelo largo y le empotraba la cara contra su entrepierna, haciéndola gemir con esos gruñidos ahogados que tanto me ponen. Yo no pude resistirme y me metí entre sus piernas, lamiéndole el coño empapado que olía a sexo y a cloro, sintiendo cómo los labios hinchados se le pegaban a mi lengua mientras ella se arqueaba y me clavaba las uñas en los hombros. El novio, sin soltar su verga brutal, la volteó sobre el borde del jacuzzi y le dio un cachetazo en el culo a esa morena que no paraba de gritar, dejándole la piel enrojecida mientras le metía la polla hasta el fondo sin piedad, empalándola con embestidas que hacían temblar el agua alrededor. Yo me acerqué por detrás y le chupé los pezones duros como piedras mientras él le daba por el culo, metiéndosela tan adentro que ella solo podía soltar chorros de babas y gemidos que resonaban en el vapor del baño. Cuando los tres nos corrimos al mismo tiempo, la leche caliente le resbaló por la cara, el coño y los muslos, mezclándose con el agua del jacuzzi mientras ella se agarraba a sus piernas temblorosas y yo le lamía los restos de corrida de la boca antes de que los tres nos derrumbáramos sobre las baldosas, sudorosos, satisfechos y con el cuerpo lleno de marcas de pasión.