La chica no pudo negarse a su sugar daddy
La habitación está en penumbra, con la luz de la tarde filtrándose por las cortinas medio cerradas, y el sonido de la ciudad llega amortiguado, como si el mundo entero contuviera la respiración. Te voy a contar cómo fue: él entró sin avisar, con esa sonrisa de quien sabe que no dirás que no, y yo ya estaba mojada antes de que sus manos me tocaran. ¿Te gustaría estar en su lugar? Imagina mis muslos temblando mientras sus dedos me abren, sintiendo cómo su polla negra y gruesa se clava hasta las pelotas en mi coño apretado. Cada embestida me hace gemir más fuerte, pero tengo que morder la almohada porque mi marido podría volver en cualquier momento. Escucho pasos en el pasillo y me quedo helada, pero él no se detiene, solo me tapa la boca con una mano y sigue follándome contra la pared, sintiendo cómo mi cuerpo se arquea con cada golpe. Su verga me llena entera, rozando ese punto que me hace ver estrellas, y cuando creo que no aguanto más, él me gira y me empotra contra el colchón, con sus caderas chocando contra mi culo. El riesgo de que nos descubran me pone más caliente, y cuando suelta un gruñido y me llena de leche caliente, no puedo evitar morderme el labio para no gritar. Justo entonces, la puerta se mueve...