Kimmy Lee se deja empotrar tras un día agotador en el sillón
El olor a sudor y perfume barato me volvió loco cuando Kimmy Lee entró en la sala, todavía con el uniforme de trabajo pegado a su cuerpo sudado. Esa puta sabía que me tenía loco desde la mañana, mandándome fotos de su culo apretado en tanga y rozándose contra mí cada vez que pasaba. No aguanté más cuando se arrodilló frente a mí, desabrochándome los pantalones con una sonrisa de zorra mientras mi polla ya estaba dura como una piedra. Le agarré el pelo y le metí la verga hasta las pelotas mientras gemía como una perra en celo, chupando con esa boca caliente que sabía cómo hacerme perder la cabeza. Después la tiré en el sillón y le abrí las piernas de una patada, viendo cómo su coño mojado brillaba bajo la luz. Me monté encima y le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo sus paredes apretadas me envolvían entero. Kimmy gritaba mi nombre mientras la embestía sin piedad, sus tetas rebotando con cada movimiento. Cuando ya no pude más, me corrí dentro de ella, llenándola hasta que su vientre se hinchó con mi leche. Al terminar, su tanga quedó tirado en el suelo, manchado de su excitación.