Katya pierde su virginidad anal en 10 minutos de placer
Katya se retuerce bajo tu peso, su culo virgen temblando mientras le apartas las nalgas con las manos para ver ese ojete rosado que nunca ha sido tocado. La agarras por las caderas y le susurras al oído que hoy vas a romperla entera, que no habrá piedad para su culito apretado. Ella gime y te suplica que seas suave, pero tú solo ríes y le escupes en el agujero antes de meterle la punta de la polla, sintiendo cómo su cuerpo se tensa al sentir el dolor. La empotras de una estocada, hundiéndote hasta que sus muslos chocan contra los tuyos, y ella grita, pero no te detienes. Le das nalgadas mientras la follas a cuatro patas, sintiendo cómo su coño se moja más con cada embestida, cómo sus paredes se ajustan a tu verga como un guante. Le ordenas que se ponga de rodillas y te la chupe, y ella obedece, tragando tu polla con lágrimas en los ojos, suplicando que te corras en su boca. Pero tú no quieres eso, así que la vuelves a poner a gatas y la embistes con fuerza, sintiendo cómo su culo se abre más con cada empujón. Le metes los dedos en la boca para que los chupe mientras la follas, y cuando ya no aguanta más, te la sacas y le corres en la cara, marcándola como tuya. 'Ahora sí eres mía, puta', le dices mientras su semen le gotea por la barbilla.