Juego erótico prohibido donde me follaron sin control
Sus dedos ya estaban sobre mi piel, recorriendo cada curva como si supiera exactamente dónde hacerme gemir, pero yo sabía que esto estaba mal, que no debíamos hacerlo en mitad del juego, pero mi coño se contraía de la excitación cuando su polla rozó mi muslo de nuevo. Fue imposible resistirme, sobre todo cuando su boca bajó hasta mi clítoris y empezó a chupar con tanta fuerza que sentí que me iba a desmayar, el calor de su lengua me volvía loca mientras sus manos apretaban mis tetas, haciendo que mis pezones se pusieran duros como piedras. No aguanté más y le supliqué que me empotrara, que metiera esa verga gruesa hasta el cuello de mi útero, y cuando lo hizo, grité tan fuerte que los altavoces del juego se apagaron solos. Cada embestida era más profunda, más salvaje, y me corrí tan fuerte que el líquido salió disparado, mojando la pantalla del ordenador y las sábanas donde nos retorcíamos. Él no paraba, me dio la vuelta y me penetró por detrás, golpeando mi culo con tanta fuerza que sentí que me iba a romper, pero no me importaba, solo quería más, sentir su corrida caliente dentro de mí. Cuando terminé de gritar, él me miró con esa sonrisa de putero que tiene, sabiendo que la próxima vez será peor, que no podré evitar volver a caer en la tentación.