Hazel se masturba y la pillan en el café
Moviéndose con desesperación, Hazel apretaba sus muslos mientras se frotaba el coño contra el borde de la mesa, los ojos cerrados y los labios entreabiertos en un gemido ahogado. Llevaba días mirando a su compañera de trabajo con esa tensión insoportable, intercambiando sonrisas cargadas de doble sentido y roces "accidentales" que le dejaban el cuerpo ardiendo. Hoy, con la oficina vacía, no pudo contenerse más: se bajó las bragas y hundió los dedos en su humedad, imaginando la lengua de la otra chica lamiéndole el clítoris hasta dejarla temblando. Pero justo cuando estaba a punto de correrse, la puerta se abrió y allí estaba ella, mirándola con una sonrisa pícara y los ojos brillando de lujuria. Sin decir nada, cerró la puerta con llave y se acercó, desabrochándose el pantalón para sacar una polla dura que Hazel no había visto antes. La agarró con fuerza y la guió hacia su boca, chupando con avidez mientras la otra le metía dos dedos en el coño, moviéndolos en círculos hasta que Hazel arqueó la espalda y gimió más fuerte. Luego la giró contra la mesa, le separó las nalgas y le clavó la polla de una estocada, llenándola hasta que el choque de sus caderas resonó en la habitación. Hazel gritó, pero el sonido se ahogó cuando la otra le tapó la boca con una mano mientras la embestía sin piedad, cada movimiento más rápido y profundo, hasta que Hazel sintió que el orgasmo la recorría entera. Cuando terminó, con la respiración agitada y el cuerpo temblando, solo podía pensar en cuánto había deseado esto desde el primer día.