Bibi Bugatti se monta mi verga en vez de tomar clases de manejo
Bibi Bugatti llegó al auto con ese culo redondo y esos pechos enormes que rebotaban con cada paso. Pensé que quería que le enseñara a manejar, pero cuando se subió y me miró con esos ojos verdes, supe que no era el volante lo que quería chupar. Me bajé el pantalón y sacó mi polla gruesa con una sonrisa traviesa, abriendo bien esa boca carnosa para tragarla entera de golpe. La sorpresa fue cuando empezó a gemir más fuerte de lo normal, como si mi verga la estuviera volviendo loca de placer. La levanté del asiento y la senté sobre mi regazo, empalándola de una estocada hasta que sus nalgas chocaron contra mis muslos. Sus tetas saltaban con cada embestida, y cuando le di una nalgada fuerte, gritó y se apretó más contra mí. Le agarré el pelo y le metí la polla hasta la garganta, sintiendo cómo su saliva caliente me cubría. Ella se retorcía, mojada como nunca, y cuando le pregunté si le gustaba que le rompiera el culo así, solo jadeó: '¡Dame más duro, cabrón!'.