Giulia Rodrigues se deja empotrar a lo bestia en su coño mojado
Esa tarde en el cuarto de hotel, con las cortinas apenas corridas, yo ya sabía que Max Maranhao no iba a aguantar mucho. Me puse esa blusa transparente que apenas cubría mis pechos pequeños, pero él solo miraba mi coño, ya mojado antes de que siquiera me tocara. Escuché pasos en el pasillo y me mordí el labio para no gemir cuando sus dedos entraron de golpe, abriéndome sin piedad. 'Cállate, alguien puede oírnos', susurré, pero él solo sonrió y me empujó contra la pared, levantando mi pierna para meterla entera de un solo movimiento. Sentí cómo su polla dura rozaba mi cuello del útero, y mis uñas se clavaron en su espalda mientras intentaba ahogar mis gemidos. 'Más fuerte', le rogué en un susurro, y él obedeció, embistiendo como un animal hasta que el colchón golpeaba la pared. Cada vez que se retiraba, yo empujaba hacia atrás, desesperada por sentirlo otra vez, hasta que sus manos apretaron mis caderas y se corrió dentro, llenándome hasta que tuve que morder la almohada para no gritar. La próxima vez, será en su casa... y esta vez, no habrá puerta con llave.