Gina Gerson disfrutando una polla enorme entre sus labios
Chupaba esa verga como si fuera mi última cena, sintiendo cómo me llenaba hasta las amígdalas mientras Raúl Costa me agarraba del pelo con fuerza. Llevábamos días mirando fijamente, rozando pieles a escondidas, hasta que el deseo se volvió insoportable. Mi coño ardía cada vez que me rozaba sin querer, y cuando por fin me empujó contra la pared, no pude evitar gemir al sentir sus dedos hundiéndose en mi carne mojada. La polla de Raúl era gruesa, pesada, y cuando la metió de una sola embestida, casi pierdo el aire. Me encantaba cómo me usaba, cómo me hacía suya sin preguntar, con sus manos marcando mi piel mientras yo me movía bajo su cuerpo. La escena duró más de 15 minutos, cada penetración más intensa que la anterior, hasta que Raúl se corrió dentro de mí con un gruñido animal. Al terminar, su camisa quedó tirada en el suelo, manchada de sudor y del rastro de lo que habíamos hecho.