La ladrona se arrodilla ante la polla que la va a castigar
El sonido de las alarmas retumbaba en el almacén cuando la pequeña Ellie Tay, con el coño ya humedeciéndose, se dio cuenta de que no había salido nada con su intento de robar. Peter Fitzwell, alto y con esa verga gruesa que te va a hacer gemir como una perra en celo, la atrapó con una sonrisa depredadora. 'Parece que te gusta jugar a la ladrona, pero aquí el único que va a robar eres tú, y será mi leche metida hasta las pelotas en tu garganta', le gruñó mientras le agarraba el pelo y la empujaba de rodillas. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo la obligó a abrir la boca, cómo le lamió los huevos antes de que la polla duro como piedra entrara de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero. Cada vez que la empotraba en cuatro patas, el culo de Ellie Tay se ponía rojo, y los gemidos se mezclaban con los golpes de sus caderas chocando contra ese culito apretado. 'Pídele a mi verga que te arruine, puta', le ordenó Peter mientras le levantaba la cabeza para que lo mirara a los ojos, y ella, con lágrimas en los cachetes, solo atinaba a balbucear 'Por favor, señor, por favor... déjame chuparte hasta que te corras'. Vas a querer correrte con el sonido de la polla entrando y saliendo de ese chocho arqueado, con los gritos ahogados cada vez que Peter la penetraba más hondo. Al final, con un gruñido animal, le llenó la boca de leche mientras ella tragaba como una buena perra castigada, y él solo le susurró al oído: 'La próxima vez, piensa dos veces antes de tocar lo que no es tuyo'