Francesca reta a Orion a dominar su culo perfecto
La luz de la tarde se filtraba por las cortinas, pintando el cuerpo de Francesca en tonos dorados mientras se movía frente a mí con esa confianza que solo una mujer segura de su poder sabe tener. Me miró fijamente, desafiándome con una sonrisa traviesa, y yo ya sabía que esto no sería un polvo cualquiera. '¿Crees que puedes manejar esto?', me dijo mientras se agachaba para chuparme la polla con una técnica que me hizo gemir desde el primer segundo. Su boca era un infierno húmedo, y cuando pasó a montarme, sentí cómo su culo perfecto rebotaba contra mis muslos, empalándose hasta que las caderas chocaron. No era suficiente para ella: se corrió una vez, dos, pero siguió retándome a hacerla gritar más fuerte. La puse de perrito y le di con todo, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga cada vez que la penetraba hasta las pelotas. Sus uñas se clavaron en las sábanas mientras gemía mi nombre, y cuando por fin se vino con un grito ahogado, su cuerpo tembló como si le hubieran dado corriente. Al terminar, su tanga estaba tirado en el suelo, manchado de su excitación, y yo solo podía sonreír sabiendo que había ganado la apuesta.