Ella Knox espera que Ryan Madison le parta el coño con su verga dura
—No aguanto más, necesito que me llenes de una vez— susurró Ella Knox mientras se mordía el labio, observando cómo Ryan Madison se acercaba con esa polla enorme ya lista para romperla. Llevaban días jugando al gato y al ratón, miradas robadas en el pasillo, roces «accidentales» en la cocina, hasta que la tensión se volvió insoportable. Ella, con sus tetas grandes rebotando al ritmo de sus pasos, se arrodilló frente a él y le arrancó el pantalón de un tirón, dejando al descubierto esa verga gruesa que tanto había deseado. Ryan no perdió tiempo: la empujó contra la pared, le abrió las piernas de una patada y le clavó los dedos en las caderas antes de empotrársela de una estocada, haciendo que Ella gritara al sentir cómo la polla le llegaba hasta las pelotas. El choque de sus cuerpos resonaba en la habitación, los gemidos de Ella se mezclaban con los gruñidos de Ryan mientras él la penetraba con fuerza, sus manos apretándole el culo carnudo cada vez que la embestía. Ella Knox, con el coño empapado y los pezones duros, se aferraba a sus hombros, arqueando la espalda para que la polla le rozara justo donde más lo necesitaba. Ryan, con la respiración agitada, le dio la vuelta y la puso a cuatro patas, hundiéndole la cara en la almohada mientras le partía el coño desde atrás, sus bolas golpeando contra su piel mojada. Ella Knox, con los ojos vidriosos y la boca abierta, solo podía gemir mientras Ryan la follaba como una perra en celo, sus dedos hundidos en sus caderas para marcarla. Cuando por fin se corrió, Ryan le llenó el coño de leche caliente, dejando a Ella Knox temblando, con las piernas flojas y el coño palpitando. Ryan, satisfecho, se dejó caer en el sofá, observando cómo Ella Knox se limpiaba el semen que le goteaba entre las piernas, con una sonrisa de satisfacción en los labios.