El novato trans de Riley Ross recibe su primera polla hasta el fondo
La sala está en silencio, solo se escuchan los gemidos ahogados y el sonido de tu polla entrando y saliendo de ese coño caliente de él, suave pero ya completamente acostumbrado a tu verga. Te agarra de los hombros, te mira con ojos suplicantes, y sabes que esto está mal, que no deberías estar aquí, en esta cama, embistiéndolo como si no hubiera mañana. Pero su cuerpo te lo pide a gritos, y tú no puedes parar. Sientes cómo su culo apretado se adapta a cada embestida, cómo sus muslos tiemblan cuando te entierras hasta las pelotas, y cómo sus uñas se clavan en tu espalda cuando el placer lo supera. Sabes que debería parar, que esto es una locura, pero su gemido cuando te la sacas y vuelves a meterla de un solo golpe te enloquece. Te inclinas para chuparle los pezones, para morderle el cuello, mientras tu mano lo agarra por el pelo y lo obligas a mirarte, a ver cómo lo destruyes. Es la primera vez para él, y lo notas en cómo se mueve, en cómo sus piernas tiemblan cuando te corres dentro, llenándolo por completo. Cuando terminas, su coño sigue palpitando, mojado y marcado por tu semen, y solo entonces te das cuenta de la mancha que dejaste en las sábanas, prueba de lo que acabaron de hacer.