El médico dilf le abre el culo al pequeño twink Eli Lincoln
La sala de examen estaba en silencio, solo el aire acondicionado haciendo un zumbido suave mientras la luz del fluorescente parpadeaba cada tanto. El pequeño Eli Lincoln, con su cuerpito flaco y sudado, temblaba en la camilla, sabiendo que el doctor Legrand Wolf no venía a revisarle la presión. Las cortinas finas no tapaban los ruidos de la clínica: pasos en el pasillo, una risa de enfermera, el ring del teléfono. Cuando la puerta se trabó tras ellos, el médico no perdió tiempo: con sus manos gruesas le abrió las nalgas al twink, separando esos cachetes rosados que ya brillaban mojados. La punta de su dedo calloso rozó el agujerito apretado, haciendo que Eli se arqueara con un gemido ahogado. 'Shhh, que no te oigan', susurró el doctor mientras hundía su dedo grueso hasta las nudillos, sintiendo cómo el culo virginal se ajustaba como un guante. En la siguiente ráfaga de riesgo, Eli sintió el peso del doctor encima, su polla dura como roca empujando contra su entrada caliente. Sin dejar de mirarse en el espejo médico, el dilf le clavó el tronco entero de golpe, arrancándole un grito que ahogó mordiendo la almohada. El crujido de la camilla bajo sus embestidas era más fuerte que el murmullo de voces afuera, y cada vez que el doctor Legrand se retiraba, dejaba un vacío que el chico gemía por llenar. 'Pide más, puta', gruñó el médico, azotándole las nalgas blancas, y Eli solo pudo obedecer, pidiendo que le disparara la leche hasta el fondo mientras apretaba las sábanas con los puños. Cuando el semen caliente le goteó por los muslos, el doctor se lamió los labios y dijo: 'Ahora sí estás bien revisado'