El cuñado hetero que no podía resistirse a mi culo mojado
La sala estaba en silencio, solo el sonido de la lluvia golpeando los vidrios, cuando Simon Sagaz salió de la ducha con una toalla apenas cubriendo su cuerpo húmedo. Duarte, su cuñado, lo miraba desde el sofá con los ojos fijos en el culo apretado que se movía bajo la tela. No aguantó más: se levantó, le arrancó la toalla de un tirón y lo empujó contra la pared, metiendo la mano entre las nalgas para sentir lo mojado que estaba. Simon gimió cuando los dedos gruesos le abrieron el culo, pero el miedo a que su hermano entrara en cualquier momento lo hacía temblar. Duarte no perdió tiempo: se bajó los pantalones, sacó su polla dura como una roca y, sin avisar, la enterró de una estocada hasta las pelotas. Simon ahogó un grito, mordiéndose el labio mientras el cuñado lo empotraba contra la pared, sus gemidos ahogados por los besos bruscos. La saliva corría entre sus bocas mientras Duarte le agarraba las caderas, embistiendo con fuerza, el sonido de la carne chocando llenando la habitación. Simon podía sentir cómo la polla gruesa lo partía por dentro, cada empujón más profundo, más salvaje. Sabía que en cualquier momento alguien podía entrar, pero no podía parar: Duarte lo tenía dominado, sus manos apretándole los muslos mientras lo penetraba sin piedad. Cuando el cuñado por fin se corrió, llenándole el culo de leche caliente, Simon sintió cómo le temblaban las piernas. Duarte se apartó, respirando agitado, y al mirar hacia la puerta, vio que estaba entreabierta. Alguien los había escuchado.