Dos putos follando sin parar con la polla bien dura
El calor de la noche los volvió locos y terminaron en la cama, sudando y gimiendo como animales en celo. Uno se arrodilló de inmediato, chupando con ansias la verga gruesa del otro, sintiendo cómo se hinchaba más en su boca. El otro le agarró el culo con fuerza, empujando su lengua más adentro mientras la saliva chorreaba por sus labios. No aguantaron mucho y pasaron a lo bueno: el pasivo se abrió de piernas, mostrando su agujero rosado y húmedo, listo para recibir cada centímetro de esa polla enorme. El activo no perdió tiempo y se la clavó hasta el fondo, sintiendo cómo el culo caliente lo apretaba con cada embestida. Los gemidos se mezclaban con los golpes de piel contra piel, el sudor les resbalaba por el pecho mientras follaban como salvajes. El pasivo gritaba pidiendo más, arqueando la espalda para que su amante le diera más duro, hasta que los dos explotaron en un orgasmo brutal, llenando todo de leche caliente. Se quedaron jadeando, exhaustos pero satisfechos, sabiendo que esa noche no sería la última.