Día frío y dos tetonas se devoran el coño
La sala del club estaba helada, pero el calor entre las dos solo subía mientras se desnudaban sin prisa. La rubia de tetas enormes se mordió el labio al ver cómo la morena le lamía el coño depilado, ya empapado de ganas. Las tetas le rebotaban cada vez que la otra le metía dos dedos bien hondo, arrancándole gemidos guturales que resonaban contra las paredes. La morena, con su culo prieto bien en pompa, le escupió un poco de saliva en el coño antes de clavarle la lengua como si fuera una perra en celo. La rubia se retorció, le agarró la cabeza y le empujó la cara contra su entrepierna, pidiendo más sin pudor. Los pezones rosados le temblaban con cada lametón hambriento de la otra, mientras sus muslos se humedecían aún más con los jugos que le resbalaban por las piernas. La morena, con lengua experta, le metió un dedo en el culo mientras seguía chupándole el clítoris, haciendo que la rubia se corriera en seco con un grito ahogado. Las tetas le apretujaban la cara de la morena al correrse, y esta no paró hasta dejarla temblando, con el coño en carne viva y los labios brillantes de tanto follarle la boca. Al terminar, las dos se quedaron jadeando, sudadas y satisfechas, con los cuerpos pegajosos y las mentes nubladas de placer. La rubia le susurró al oído que le encantaba cómo le comía el coño, y la morena le respondió lamiéndole los pezones con una sonrisa pícara, lista para otra ronda.