Dap sin piedad: la escuela de Daniela con mi polla hasta las pelotas
Daniela no sabía que yo tenía esto guardado. Cuando la vi con ese uniforme ajustado, el coño ya me la puso dura, pero fue al descubrir que la muy puta quería que se la metiera sin parar por el culo cuando todo se descontroló. La tiré sobre la cama de un solo movimiento, le subí la falda y vi cómo ese culito apretado se humedeció al primer contacto. Mis dedos exploraron primero, jugando con ese agujero virgen que se resistía, pero sus gemidos me dijeron que lo quería entero de golpe. No me hice esperar: la penetré de una estocada, sintiendo cómo su cuerpo entero se tensaba al recibirme hasta las pelotas. Cada embestida la hacía gritar más, con los muslos temblando y las uñas clavadas en las sábanas. Cuando me corrí dentro, ella no pudo evitar morderse el labio y pensar que nadie la había llenado así antes. La sorpresa de encontrarse con un pollón que le abría hasta el alma fue lo que la volvió loca, y ahora solo piensa en cuándo repetirlo.