Dabanga me reta a ver si aguanto su polla monstruosa
Yo ya sabía que este tipo no era normal desde que lo vi mirándome con esa sonrisa de cabrón, pero cuando me dijo que apostaba a que no aguantaba su polla en mi culo después de una noche de follar sin parar, sentí que mi coño se mojó de inmediato. Le dije que ni en pedo, que ni él ni nadie podía conmigo, pero en cuanto me hizo arrodillar y me abrió el culo con sus dedos gruesos, supe que esto sería una guerra. Él empezó empotrándome contra la pared, metiendo su verga como si quisiera partirme en dos, y yo solo podía gemir como una perra mientras sus manos agarraban mi cintura para darme más duro. Mi culo ardía con cada embestida, pero no le iba a dar el gusto de quejirme, así que lo desafié a ir más fuerte, a hacerme gritar como nunca. Entonces me volteó, me puso a cuatro patas y me llenó el culo hasta las pelotas, empujando con tanta fuerza que mis tetas botaban con cada golpe. Yo aguanté, mordiendo la almohada, hasta que él, con un gruñido, me llenó el culo de leche caliente, desparramándose como un río espeso. Cuando terminó, Dabanga solo podía reírse, viendo cómo yo seguía temblando de adrenalina y placer, sabiendo que, en esa ronda, él había ganado.