Culo voluptuoso me deja seco esta noche de año nuevo
Desde que la vi por primera vez en el ascensor con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva como si fuera de porcelana, supe que esta noche iba a terminar mal para mi polla. La morra no necesitó más que una mirada de esos ojos verdes y un susurro con voz de whisky barato para que yo me pusiera más duro que una piedra. Sin perder tiempo, me tiré encima de ella en el sofá mientras sus tetas rebotaban libres bajo mi boca, chupando sus pezones como si fueran el último helado de verano. Con un empujón brusco le arranqué las bragas de encaje y la dejé con el coño tan mojado que hasta el aire olía a sexo fresco. No pude resistirme: la levanté en volandas y la empalé contra la pared, sintiendo cómo su culo redondo se abría para recibirme como si fuera un jodido anillo de carne. Cada embestida le hacía gritar mi nombre con voz de puta satisfecha, sus uñas clavándose en mis hombros mientras su coño empapado me tragaba entero. Cambié a vaquera porque quería ver cómo su culo rebotaba como gelatina bajo mis embestidas, las nalgas palpitando con cada subida y bajada hasta que no pude aguantar más. La tiré boca arriba y le metí la polla hasta la garganta mientras sus muslos temblaban alrededor de mi cintura, sus gemidos ahogados en espasmos de placer. Cuando por fin solté mi leche dentro de ella, noté cómo su vientre se inflaba con cada chorro espeso, su coño exprimiéndome hasta dejarme seco como un trapo usado. Se quedó ahí, temblando, con las piernas enredadas en las mías y una sonrisa de puta que acaba de ganar la lotería. La noche de año nuevo terminó con el sofá lleno de fluidos, su boca pegajosa de saliva y mi polla tan gastada que juré que no podría volver a levantarse... aunque ella ya estaba buscando la cartera para el segundo round.