Corrida arruinada con polla gorda y leche espesa
El tipo se encerraba en el baño cada tarde para sacarse una paja bien dura, imaginando que alguien lo miraba mientras se agarraba la verga con fuerza. La piel de su pene se estiraba al máximo, la punta hinchada y brillante de tanto frotar, hasta que los gemidos se le escapaban sin control. Las venas de su polla saltaban con cada movimiento, el prepucio se movía hacia adelante y atrás, cubriendo y descubriendo el glande rojo y palpitante. De pronto, un chorro grueso de leche blanca salía disparado, pero el muy puto no tenía pañuelo a mano y la corrida le manchó toda la camisa. La leche espesa goteaba por sus dedos, pegajosa y caliente, mientras él seguía masturbándose con desesperación, sintiendo cómo su polla seguía latiendo bajo su mano. El olor a semen fresco llenaba el aire, mezclado con el sudor de su cuerpo excitado. No podía parar, incluso con la corrida arruinada, seguía frotándose hasta que otro chorro salía, esta vez más débil pero igual de satisfactorio. Al final, se quedó jadeando, la polla aún medio dura, la camisa empapada de su propia leche. Se limpió como pudo, pero la mancha seguía ahí, recordándole lo bien que se había corrido.