Morenazo me folló salvaje entre los arbustos
Iba corriendo por el bosque como cada mañana cuando lo vi, un moreno gigante con la polla ya dura asomándose entre los pantalones rotos. Me quedé paralizada al sentir su mirada de fuego quemándome la espalda mientras sus dedos me agarraron del culo sin avisar, apretando fuerte contra el árbol donde me empujó. Su boca olía a tabaco y sudor cuando me tapó con su mano gruesa la boca para ahogar mis gemidos mientras me levantaba el vestido de un tirón, arrancándome las bragas de un solo movimiento brusco. La verga gruesa y venosa se clavó en mi coño mojado sin piedad, empotrándome contra la corteza áspera mientras sus caderas golpeaban mi culo con fuerza, haciendo que cada embestida me hiciera gritar entre dientes. Sentía su aliento caliente en mi nuca mientras sus dedos se enredaban en mi pelo, tirando con fuerza para arquear mi espalda y que su polla entrara más profundo, hasta rozar ese punto que me volvió loca de placer. Los arbustos crujían bajo nuestros cuerpos sudorosos y el olor a sexo crudo se mezclaba con el aroma a tierra mojada del bosque, creando una escena que solo podía terminar en una corrida brutal. Sus embestidas se volvieron más salvajes, más desesperadas, mientras sus pelotas pesadas golpeaban mi clítoris hinchado con cada movimiento, llevándome al borde del abismo sin piedad. Cuando por fin sentí su leche caliente disparándose dentro de mí, grité como una puta descontrolada, con el coño palpitando alrededor de su verga mientras me llenaba hasta rebosar, sin importarle un carajo quién pudiera oírnos. El moreno me dejó caer al suelo, jadeando, con las piernas temblorosas y el culo adolorido de tanto golpear, pero con una sonrisa pícara mientras se subía los pantalones y se alejaba silbando, dejándome ahí, con las piernas abiertas y el coño goteando su leche espesa entre los muslos.