Chiquitaimparable me enseña cómo se castiga a una cornuda traidora
Estoy mirando cómo se retuerce en mi cama, sus piernas abiertas y ese coño rosado ya goteando de pura rabia. Me encanta cómo me desafía con los ojos, como si no supiera que esto es por su culpa. Sus dedos se clavan en su carne, abriéndola mientras suspira fuerte, y yo solo quiero enterrar mi polla hasta que grite el nombre del cabrón que la tocó antes que yo. Pero primero, la voy a hacer pagar: la empujo contra el colchón, meto mis dedos en su boca para que los chupe bien mojados y los clavo en su coño sin piedad. Ella araña las sábanas, gimiendo cuando los muevo como si fueran una polla, hasta que se corre en un chorro caliente que me salpica la mano. Pero no es suficiente: le ordeno que se ponga de rodillas y me la chupe bien duro, mordiendo su labio cuando su lengua lame mi corona. Cada lamida es un recordatorio de lo que perdió, y cuando la levanto y la empotro contra la pared, sus piernas se enredan en mi cintura. La penetro de una sola estocada, sintiendo cómo su coño se aprieta alrededor de mi verga, pero no la dejo correrse otra vez. La lleno hasta que sus muslos tiemblan y su boca se abre en un gemido ahogado. Justo cuando está a punto de explotar, me corro dentro de ella, marcándola como mía. Ahora sabe que nadie la toca como yo.