Chica gótica asiática traga todo sin dejar nada
Llevaba ese maquillaje negro que le resaltaba los pechos firmes y los labios carnosos, y cada vez que se mordía el labio inferior él sabía que estaba a punto de perder el control. La primera vez que la vio en la pantalla, con esa mirada de depredadora y los pechos al aire, se le puso la polla dura como una roca y no pudo evitar empezar a pajearse sin piedad. Cuando ella notó que la estaba mirando desde el otro lado del monitor, se acercó con ese movimiento de caderas que solo las putas saben hacer, con el coño ya empapado y goteando por la excitación. Se quitó el corsé negro de una vez, dejando al descubierto esos pechos grandes y duros como melones, con los pezones duros como piedras, y se lamió los labios antes de susurrarle que quería que le metiera hasta el fondo sin compasión. Él no necesitó más invitación: la agarró por la nuca con fuerza y le metió la polla hasta la garganta, sintiendo cómo ella tragaba con avidez mientras los gemidos le salían entrecortados. Le encantaba que le apretara los pechos con las manos, magullándolos sin piedad mientras le clavaba la polla una y otra vez, sintiendo cómo su coño se estremecía cada vez que la cabeza le rozaba el fondo. Ella no paraba de gemir, con la voz ronca y los ojos entrecerrados de puro placer, mientras él le escupía en la boca y le ordenaba que se corriera antes de que terminara de tragárselo todo. Cuando sintió que el coño le temblaba como gelatina y le brotaban chorros de leche por las piernas, él se corrió dentro de su boca sin avisar, sintiendo cómo ella se lo bebía todo sin perder ni una gota, incluso lamiendo los restos que le quedaban en los muslos. Quedó tan satisfecha que se dejó caer en el suelo, con las piernas temblorosas y el coño brillando de tanto líquido, mientras él se limpiaba la polla con su pelo negro azabache y se reía al verla tan exhausta y mojada.