Carnaval salvaje: le di duro a la negra de culo perfecto
La negra de pelo rizado y culo prieto era la fantasía de todo el vecindario, pero yo fui el único que se atrevió a probar esa carne caliente. La vi bailando en el carnaval con su tanga minúsculo, el coño mojado brillando bajo las luces, y no pude resistir. Me acerqué por detrás, le susurré al oído que su culo me volvía loco, y ella solo sonrió mientras se mordía el labio. La llevé a un callejón oscuro donde nadie nos viera, le bajé el tanga de un tirón y le metí los dedos en la boca para que los chupara bien mojados. La puse a cuatro patas contra la pared, le separé las nalgas y le clavé la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía como un guante. Ella gemía como una puta en celo, pidiendo más, más duro, más rápido, mientras yo le agarraba las caderas y le daba embestidas brutales. El sonido de carne chocando contra carne resonaba en el callejón, y cuando ya no aguanté más, le saqué la verga y le llené el culo de leche blanca, marcándola como mía. Se quedó temblando, el coño aún palpitando, mientras yo me limpiaba la polla en su tanga roto. Esa negra de culo perfecto nunca olvidará esta follada.