Camilla devora el coño de Cheyenne en el sofá de su casa
Era la una de la tarde cuando Camilla decidió invitar a Cheyenne a su casa con la excusa de tomar un café, pero ninguna de las dos pensaba en bebidas esa tarde. Cheyenne entró con su culo respingado apretado en unos leggings negros que marcaban cada curva, y yo ya no podía dejar de mirarle las tetas enormes que se movían bajo su top ajustado. Sabía que esto estaba mal, que éramos vecinas y que nuestros maridos no aprobarían lo que estábamos a punto de hacer, pero el deseo me quemaba entre las piernas. La empujé contra el sofá y le arranqué los leggings de un tirón, dejando al descubierto su coño rosado ya brillando de humedad. Cheyenne gimió cuando mis dedos se hundieron en su carne mojada, pero quería más, quería sentir su sabor en mi boca. Me arrodillé entre sus piernas abiertas y empecé a lamerla con ganas, saboreando cada gota de su excitación. Ella arqueó la espalda y metió los dedos en mi pelo, empujando mi cara contra su entrepierna mientras gemía sin control. Podía sentir cómo su coño se contraía alrededor de mis labios, cómo sus muslos temblaban contra mis orejas. El sonido de su respiración agitada y los pequeños gritos que escapaban de su boca me volvían loca, pero necesitaba más. Metí la lengua lo más profundo que pude, chupando su clítoris hinchado hasta que ella explotó en mi boca con un orgasmo violento. Ahora mismo, mientras te cuento esto, solo puedo pensar en volver a tenerla así, aunque sé que estoy jugando con fuego. ¿Te imaginas estar en mi lugar, con su cuerpo temblando bajo tus labios?