Audrey Hollander goza con mi polla hasta gritar de placer
El olor a sudor y excitación inundaba el cuarto cuando vi por primera vez la manera en que Audrey Hollander me devoraba con los ojos, sus piernas abiertas mientras Alec Knight susurraba algo que la hizo sonrojarse más de lo normal. Al principio, creí que solo sería un polvo rápido, pero cuando empecé a meterle mi polla gruesa entre sus nalgas resbaladizas, descubrí que Alec ya la había preparado para mí, dilatándola con sus dedos mientras ella gemía como una perra en celo. Audrey nunca había tomado algo tan grande de golpe, y el sonido que hizo cuando mi verga entró de una estocada me volvió loco: un grito ahogado, sus uñas clavándose en mis hombros, su coño palpitando alrededor de mi tronco. La volteé contra el espejo para que viera cómo Otto Bauer se masturbaba observando, y eso la puso aún más cachonda, sus tetas rebotando con cada embestida mientras yo le rompía el culo. Cada vez que la penetraba de lleno, sus músculos se apretaban tanto que casi no podía respirar, y cuando al fin me corrí, llenándole el ano de leche espesa, Audrey solo pudo balancearse hacia adelante, su cuerpo temblando como si la hubieran descargado por completo. Alec, quien había estado esperando su turno, se acercó con una sonrisa, pero ella solo negó con la cabeza, sus ojos vidriosos de placer, claramente satisfecha... al menos por ahora.