Addison se ahoga con la verga gruesa de Dimitri en su suite
Addison no podía creer que el grandote de Dimitri la hubiera arrastrado hasta su suite de lujo para darle un trato de estrella, pero ahí estaba, con esos labios carnosos mordisqueando el prepucio de su polla monstruosa mientras él le agarraba el pelo con fuerza. La morena de tetas pequeñas pero firmes gemía como una puta bien caliente al sentir cómo su verga le abría la garganta, cada embestida le raspaba la campanilla y le dejaba la boca bien empalada. Dimitri no tuvo piedad, le metía la cabeza contra el colchón de la cama king size mientras le azotaba el culo redondo con la palma de la mano, haciéndola chillar entre arcadas. Ella, con los ojos llorosos y el rímel corrido, no podía más que agarrarse a sus muslos musculosos y dejar que le follara la boca sin piedad. El sonido de los gemidos ahogados y los chorros de saliva que le resbalaban por la barbilla eran música para sus oídos. Cuando por fin la sacó, con la polla brillando de babas, Addison se lamió los labios y se tiró sobre la cama boca arriba, mostrando ese culito prieto y esas tetas pequeñas que tanto le gustaban a él. Dimitri no perdió tiempo y se le empotró encima sin aviso, hundiéndole la verga hasta las pelotas en el coño bien mojado que ya goteaba por el deseo. Addison chilló como una loca al sentirlo dentro, arqueando la espalda mientras él le machacaba el clítoris con los dedos y le clavaba la polla hasta el fondo, haciéndole sentir cada centímetro de su grueso tronco. La suite se llenó de olores a sexo, sudor y perfume barato, mezclados con el gemido ronco de ella suplicando que no parara. Dimitri le dio la vuelta como si fuera una muñeca, poniéndola en cuatro patas para empalarla por detrás, y cada embestida le hacía botar ese culo redondo que parecía hecho a medida para sus manos. Addison no podía articular palabra, solo jadeaba y empujaba el culo hacia atrás para que se la metiera más hondo, con los pechos colgando como dos frutas maduras que él no podía dejar de manosear. Cuando el orgasmo llegó, fue tan intenso que ambos se corrieron al mismo tiempo, ella con chorros de leche caliente chorreándole entre las piernas y él llenándole el coño con cada sacudida de sus caderas. Quedaron tirados sobre las sábanas revueltas, sudados y satisfechos, con Dimitri limpiándole los restos de corrida de la cara mientras Addison le susurraba al oído lo bien que le había quedado el trato de estrella.