Abby te reta a devorarle la concha y los pezones
—¿Crees que puedes aguantar lo que te voy a hacer?— te desafía Abby mientras se quita la blusa y te muestra sus tetas pequeñas pero duras, los pezones rosados ya erectos. Te agarra la mano y la lleva directo a su coño mojado, empujando tus dedos dentro de ella con un gemido ahogado. Sientes cómo su piel arde bajo tus labios cuando empiezas a chuparle los pezones, mordisqueándolos con fuerza mientras ella arquea la espalda. No te deja descansar: te obliga a bajar y lamerle la concha entera, desde el clítoris hasta el culo, mientras ella te tira del pelo y te grita que no pares. En más de 29 minutos de escena, te la comes como si fuera tu última comida, sintiendo cómo sus jugos te corren por la barbilla mientras ella se retuerce y te escupe en la cara. Cuando ya no puedes más, te subes encima y le metes los dedos hasta que grita, pero ella te desafía de nuevo: —¿Eso es todo lo que tienes, puto?— te provoca con una sonrisa pícara, lista para otra ronda.