Yasmin Daferro se masturba con botas de cuero negro y humo
Era tarde en el apartamento y Yasmin Daferro no podía contenerse más. Las botas de cuero negro le apretaban los muslos mientras se recostaba en el sofá, el humo del cigarrillo bailando alrededor de su cuerpo. Con una mano, se deslizó bajo el tanga de encaje, sintiendo cómo su coño ya estaba empapado de excitación. Los tacones altos golpeaban el suelo cada vez que se arqueaba, los gemidos ahogados para que nadie en el edificio la escuchara. El riesgo de que alguien entrara era real—su marido podía volver en cualquier momento—pero eso solo la ponía más caliente. Sus dedos se movían con urgencia, frotando el clítoris hinchado mientras la otra mano apretaba uno de sus pechos, tirando del pezón. El cuero crujía con cada movimiento, el sonido mezclándose con el crujido del sofá. De repente, se quedó quieta, conteniendo la respiración: ¿era eso un ruido en la puerta? No, solo el viento. Con un suspiro de alivio, volvió a la tarea, metiendo dos dedos dentro de su coño mojado, sintiendo cómo se contraía alrededor de ellos. El humo le nublaba la vista, pero no importaba, lo único que importaba era el placer que la recorría. Las botas de cuero brillaban bajo la luz tenue, marcando el ritmo de su masturbación. Con un último gemido ahogado, se corrió, los dedos temblorosos y el cuerpo temblando de satisfacción. Justo entonces, una voz desde la puerta dijo: '¿Te gusta eso, perra?', y Yasmin sonrió, sabiendo que el juego apenas comenzaba.