Una ladronzuela cachonda fue pillada y follada por los policías
Al mediodía, cuando el calor me ponía el coño más mojado de lo normal, decidí colarme en la tienda con un tanga ajustado que apenas cubría mi culo duro. No calculé que los guardias fueran tan jóvenes y con esas pollas gruesas que se notaban bajo el uniforme. El primero en atraparme fue Ryan, quien me agarró de la muñeca con fuerza y me empujó contra la pared. 'Aquí no entran ladronas, pero sí putas que necesitan una buena lección', me dijo al oído mientras su mano se colaba bajo mi falda. Yo me mordí el labio sin poder evitarlo, sintiendo cómo sus dedos gruesos me separaban los labios y me penetraban de una estocada. '¡Dios, sí, sigue así!', gemí, pero él me tapó la boca. 'Cállate, perra, esto es por robar, no por placer', gruñó mientras me giraba y me inclinaba sobre una mesa. Sentí su polla enorme entrando sin piedad, golpeándome el cuello del útero mientras sus manos me apretaban las tetas duras. Nikki, la otra agente, no perdió tiempo y se arrodilló frente a mí, chupándome el clítoris hinchado mientras yo me retorcía. 'Por favor, déjenme correrme', suplicaba, pero Ryan solo me azotó el culo rojo. 'Aquí mando yo, puta, y te correrás cuando yo lo diga'. Cuando ya no aguantaba más, él salió de mí y me obligó a arrodillarme. 'Ahora chupa, perra', ordenó, y yo obedecí, tragando su leche caliente mientras Nikki me follaba por detrás. '¿Ves lo bien que te comes la polla de un policía?', me preguntó riendo, y yo solo pude gemir: 'Sí, por favor, sigan follándome, soy su puta'