Tras cámaras de un trío brutal con dos agentes inmobiliarias ardientes
Las dos morenas altas llevaban trajes ceñidos que les marcaban cada curva mientras revisaban los planos en la sala de juntas, pero no podían concentrarse con el aire cargado de testosterona que flotaba entre ellas. La rubia, con sus tetas grandes y naturales rebotando bajo la blusa ajustada, se acercó primero a él, mordiéndole el labio inferior antes de arrodillarse sin perder tiempo y empezar a chuparle la polla con esos labios gruesos y rojos que le tenían loco. Él le sujetó la nuca mientras ella le hacía garganta profunda, con los ojos llorosos y las mejillas hundidas, hasta que él la levantó de un tirón y la empujó contra la pared, rasgándole el tanga con una mano mientras con la otra le agarraba las tetas enormes y firmes. La otra agente, igual de alta pero con un culito prieto que parecía hecho para empotrar, se quitó el vestido sin pudor y se subió a la mesa de reuniones, abriendo las piernas para mostrarle un coño peludo, hinchado y bien depilado que ya goteaba por los bordes. Él no pudo resistirse: la embistió de una sola estocada, sintiendo cómo su coño se estremecía y se le aferraba a la polla como un guante, mientras ella soltaba gemidos agudos y le clavaba las uñas en los hombros. La rubia, ya sin aliento, se acercó por detrás y le empezó a lamerle los huevos mientras él le metía los dedos en el coño a su compañera, haciendo que esta se retorciera de placer y le pidiera más a gritos. Entre gemidos, besos profundos y embestidas tan duras que hacían temblar la mesa, los tres se corrieron en cuestión de minutos: él primero, llenando el coño prieto de la morena con chorros espesos que le resbalaban por los muslos, mientras las dos mujeres se abrazaban y se lamían los labios, exhaustas pero con ganas de más.