Tetas gigantes la ponen cachondo al llegar a casa
Nada más abrir la puerta y ver esos pechos desbordándose del sujetador de encaje negro, se le puso la verga dura como una roca. Ella ya lo esperaba en la entrada con las tetas rebotando bajo una camisa transparente y los pezones duros marcándose contra la tela fina. Se quitó las zapatillas de tacón alto con un movimiento rápido, le agarró la polla por encima del pantalón y le susurró al oído que no aguantaba más sin probarla. Él la empujó contra la pared del recibidor, le arrancó la ropa interior con un tirón brusco y le lamió el coño depilado mientras ella gemía y le clavaba las uñas en la espalda. Cuando por fin la penetró por el culo bien prieto, la putita gritó de placer y le rogó que la empotrara más fuerte. La polla le llegaba hasta las entrañas con cada envestida, mientras ella le chupaba los huevos con la boca llena de babas y le pedía a gritos que se corriera dentro. Él le dio la vuelta, le metió la verga hasta la garganta y le escupió toda la leche caliente por la cara, cubriéndole las tetas, el coño y hasta los labios temblorosos. Después de dejarla toda babosa y satisfecha, ella se quedó tirada en el suelo con las piernas abiertas, el culo rojo del castigo y la boca todavía llena de restos de corrida, mientras él se limpiaba con su propia camisa arrugada. La casa olía a sexo, a sudor y a leche derramada, pero a ninguno de los dos le importaba lo más mínimo porque sabían que esto solo era el principio de otra noche de locura.