Sydney Paige mojando el coño mientras su hijastro la empotra
Aquel mediodía en la cocina, recreándome con mi polla recién lavada, noté que Allen Swift me miraba con una intensidad que nunca había visto. Al principio pensé que eran imaginaciones mías, pero cuando pasó rozando mi culo con una mano, sentí que algo se encendía entre mis piernas. Su mirada era distinta, más hambrienta, como si hubiera descubierto un secreto. Decidí provocarlo más, levantándome la falda para que viera mi coño depilado brillando de lo mojado que ya estaba. Para mi sorpresa, en vez de asustarse, me empujó contra la mesa y sin aviso metió una mano entre mis muslos, frotando mi clítoris con una presión que me hizo arquear. Cuando me di vuelta, vi la enorme verga de Allen rebosando en sus boxers, tan gruesa que apenas podía mirarla sin gemir. Me arrodillé y empecé a chupar esa polla como si fuera mi postre, sintiendo cómo el sabor salado me excitaba más, hasta que me levantó de golpe y me penetró de una estocada tan profunda que el choque de sus caderas contra mi trasero resonó en toda la casa. Cada embestida me hacía chillar, pero no podía parar, sintiendo cómo su verga rozaba lugares dentro de mí que nadie había tocado antes. Cuando Allen me giró para ver sus tetas saltando, me di cuenta de que estaba a punto de explotar, y justo cuando grité que me iba a correr, sentí un chorro caliente explotando contra mis muslos, pero no era él, era yo, mojando toda la mesa con mi squirt mientras seguía temblando bajo su verga. El descubrimiento de su tamaño y mi propia lujuria me llevó a perder el control de una vez por todas, dejando que todo el semen caliente quedara dentro de mí.