Suegra morena culona montada en cuatro por el yerno
Elena llevaba semanas lanzándote miradas cargadas de deseo cada vez que tu esposa salía de casa y quedaban solos en la cocina o el pasillo. La tensión crecía con cada roce accidental de manos o con esas sonrisas que ella guardaba solo para ti hasta que un día la distancia se rompió. La agarras por las caderas cuando se inclina sobre la mesa y le subes la falda sin preguntar descubriendo ese culo maduro y redondo que habías imaginado tantas noches. Le bajas las bragas de un tirón y hundes los dedos en su coño ya resbaladizo mientras ella emite un gemido ahogado y empuja hacia atrás buscando más contacto. Le metes la polla de una estocada profunda sintiendo cómo sus paredes te aprietan y ella empieza a jadear con cada embestida que das contra ese trasero que se abre y se cierra con el ritmo. Cambias el ángulo para rozar ese punto sensible que la hace temblar y aumentar el volumen de sus quejidos mientras el sonido húmedo de piel contra piel llena la habitación. Aceleras el movimiento clavándole los dedos en la carne suave de sus nalgas y sientes que su interior se contrae con fuerza alrededor de tu miembro justo antes de que ella se corra con un grito largo y entrecortado. Sigues bombeando hasta que tu propia liberación llega y llenas su interior con chorros calientes que empiezan a derramarse por los bordes. Elena se queda apoyada en la mesa con las piernas flojas y la respiración entrecortada mientras el semen le resbala por los muslos y una sonrisa satisfecha aparece en su rostro.