Sarah Arabic se rinde a los besos de Arabelle y su coño humedecido
Sarah Arabic había sentido esa tensión desde hacía semanas, cada mirada robada con Arabelle, cada roce casual, cada suspiro contenido cuando sus manos se rozaban sin querer. Sabía que lo que las unía era más que simple amistad, pero se resistía a admitirlo, hasta que una noche, después de demasiados tragos, todo se vino abajo. Arabelle la invitó a su departamento con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas, y en cuanto cerraron la puerta, los besos llegaron como un torrente, hambrientos, húmedos, sus lenguas danzando mientras sus cuerpos se pegaban. Yo gemí cuando Arabelle me empujó contra la pared, sus dedos deslizándose bajo mi blusa, pellizcando mis pezones duros, y no pude evitar arquearme cuando su mano bajó hasta mi tanga ya empapada. Quería más, mucho más, y cuando me tiró sobre la cama, me abrió las piernas de un tirón, dejando mi coño al descubierto, ya palpitante. Su boca aterrizó sobre mí sin aviso, su lengua trazando círculos alrededor de mi clítoris mientras sus dedos se hundían en mi humedad, haciendo que mis caderas se levantaran de la cama. Ella lamía, chupaba, mordisqueaba, cada movimiento calculado para volverme loca, y cuando sentí que no aguantaría más, la giré de golpe, colocándome a horcajadas sobre su rostro, sintiendo su lengua penetrarme de nuevo mientras yo agarraba sus tetas firmes, sus pezones duros bajo mis dedos. El placer era demasiado intenso, y cuando Arabelle me levantó, me hizo arrodillar y me empujó hacia su coño, exigiendo que le devolviera el favor. No me negué, hundiendo mi lengua en su carne mojada, saboreando cada gota mientras ella gemía, sus manos enredadas en mi pelo. Cada vez que sentía que me corría, ella me detenía, alargando la tortura hasta que ya no pude soportarlo. Finalmente, cuando ambas estuviéramos al límite, Arabelle me hizo montarla, frotando mi clítoris contra el suyo, moviéndonos al unísono hasta que el orgasmo nos sacudió a las dos, dejándonos temblando, jadeantes, pero sin dejar de besarnos, sabiendo que esto solo era el principio. Ahora solo pienso en cuándo podré tenerla otra vez, en cómo su cuerpo encaja perfectamente con el mío, como si siempre hubiéramos estado destinadas a esto.