Saira y Mark se revuelcan en un polvo de cuchara bien caliente
La polla de Mark ya no aguantaba más después de semanas de miraditas y roces 'accidentales' en el pasillo de la residencia. Saira, con su coño bien mojado y el tanga pegado a la piel, lo arrastró hasta su cama para que la empotrara en posición de cuchara. Él le metió los dedos primero, sintiendo cómo la zorra se retorcía de placer, gimiendo como una perra en celo. Luego, con la verga bien dura, le abrió las nalgas y la penetró hasta el fondo, haciendo que ella chillara y le clavara las uñas en la espalda. Las embestidas eran profundas, rítmicas, y cada vez que la polla de Mark golpeaba su punto G, Saira se mojaba más, dejando el colchón empapado. El sonido de los cuerpos chocando, los gemidos ahogados y el olor a sexo en el aire los volvían locos. Cuando él le agarró las tetas y le mordió el cuello, Saira supo que se iba a correr, y no tardó en explotar, gritando como una puta en pleno éxtasis. Mark no se quedó atrás, vaciándose dentro de ella con un gruñido animal, sintiendo cómo su leche caliente le llenaba el coño hambriento. Se quedaron así, sudados y jadeantes, hasta que él sacó la polla flácida y vio cómo el semen le goteaba entre las piernas. La próxima vez, prometió, la pondría de rodillas para chupársela bien babosa.